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¿De qué hablamos cuando hablamos de “Cultura Maker” o “Cultura Hacedora”?

El Movimiento Maker es una de nuestras mayores fuentes de inspiración: es la clave en la cual pensamos los juguetes, y también una modalidad que atraviesa nuestros propios procesos de desarrollo.
Es por esto que nos interesa, para aquellos aún no familiarizados con esta cultura, contarles un poco de qué se trata.


La cultura maker o hacedora hunde sus raíces en lo que suele llamarse “Do It Yourself” o “Hazlo tú mismo”: la práctica de fabricar y reparar cosas de manera autodidacta, reinvindicando la autogestión y rechazando el consumo excesivo o innecesario.

Los “hacedores” (makers) parten de este mismo punto, pero traspasan el mero ámbito hogareño y se vinculan más estrechamente con la ciencia, la tecnología, el arte y la innovación. La electrónica y la robótica cumplen un rol fundamental, aunque también se fusionan con oficios tradicionales ligados al trabajo artesanal; todo esto al servicio tanto de crear nuevos artefactos, también de intervenir o “hackear” otros ya existentes.  

El movimiento maker cultiva una filosofía que pone definitivo énfasis en el hacer : poner manos a la obra, experimentar e involucrarse activamente con el mundo físico, vínculo a veces devaluado en los tiempos corrientes. Se trata de creación e invención, siempre desde un enfoque lúdico y placentero, heredado en parte la naturaleza aficionada de las actividades “hazlo tú mismo”. Sin embargo, este movimiento tiene una influencia cada vez más grande en el desarrollo de nuevas tecnologías, trascendiendo de esta manera su carácter meramente “ocioso”.

El término “Maker culture” lo inaugura Dale Dougherty, creador de la Revista Make y la Maker Faire, la feria maker más importante a nivel internacional, en donde se encuentran y comparten sus creaciones y conocimiento miles de hacedores de todo el mundo.

El hecho de socializar el conocimiento es una de las características fundamentales del movimiento maker: se trata de una construcción colectiva, donde el avance se facilita gracias a los aportes de múltiples hacedores van trabajando sobre un mismo tema.


En este punto, una de las claves es el concepto de “open design” o diseño abierto: son aquellos desarrollos de software y/o hardware cuya información es compartida públicamente, de tal manera que cualquiera pueda replicarlo e incluso incluir modificaciones. Uno de los ejemplos más conocidos es el sistema operativo Linux. En cuanto a hardware, un ilustrativo ejemplo es el de la máquinas de impresión 3D, que gracias a la gran cantidad de información ofrecida en internet, pueden ser ensambladas por cualquier persona con “maña” de manera casera.

Hablando de impresión 3D, cabe mencionar que una de las condiciones que permitió el crecimiento del movimiento maker son las tecnologías de fabricación digital, como la impresión 3D, el corte láser, el fresado cnc. Estas tecnologías permiten producción en baja escala y facilitan en gran medida el proceso de prototipado, y hoy en día están al alcance de cualquier usuario. De hecho, existen talleres especialmente preparados para la actividad maker, llamados “makerspaces”, equipados con una o varias máquinas de fabricación digital.
La idea de estos espacios no es únicamente ofrecer la maquinaria necesaria para crear sino también favorecer el intercambio de ideas y la co-construcción.

En resumen, y retomando la filosofía del movimiento maker, este ve a las personas como sujetos activos, creadores y transformadores de la realidad, no como meros consumidores. Involucrarse físicamente en los procesos y poder llevar a cabo ideas propias junto con otros tiene un fuerte poder desalienante, y es una fuente tanto de satisfacción personal, como de dinamismo social.
Es por esto que desde hace un tiempo el movimiento maker comenzó a llamar la atención de educadores, como una excelente forma de traccionar el interés de niños y adolescentes hacia disciplinas STEAM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería, Arte y Matemáticas) desde su propia motivación, tema que abordaremos en otro artículo de este mismo blog.

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