En los últimos años ha resurgido con fuerza la pedagogía Pikler, más conocida como teoría del movimiento libre, desde Ikitoi te informamos un poco al respecto.

Para Pikler, el bebé es un ser capaz de desarrollarse de manera autónoma. Más que un método, Pikler propone una manera diferente de mirar al niño. Es decir, un cambio de rol en la relación de los padres y los educadores frente al niño donde los adultos estén en un lugar de igualdad y respeto hacia los pequeños.

Los principios que rigen esta manera de ver a los niños regulan en detalle todos los aspectos cotidianos en la vida de los peques. Hay cinco principios que para Pikler son de igual importancia y que cobran valor en el sistema educativo cuando se ponen en práctica y en el que serán respetados de manera simultánea y constante.

Es decir, si uno de ellos se descuida el equilibrio que se ofrece al niño se romperá. Estos son:

-Autonomía de los niños. Emmi Pikler demostró que el niño es capaz de aprender a aprender por sí mismo.

-Necesidad de favorecer al niño en la toma de conciencia de sí mismo y de su entorno. El adulto tiene que dar una seguridad emocional al niño que satisfaga su necesidad afectiva para que así el/la peque pueda centrarse en el movimiento de su cuerpo y en descubrir los objetos del entorno, jugar y moverse de forma libre.

-Relación afectiva privilegiada. Dar una mirada particular a cada niño. Los padres han de dar una seguridad en sus cuidados de tal forma que el niño pueda predecir lo que va a pasar y respetando sus ritmos de desarrollo. Importancia de la salud física.

-Motricidad libre. El niño se moverá por exclusiva iniciativa. El niño se sentirá competente. Esta motricidad libre constituye uno de los elementos determinantes en la relación niño-adulto ya que favorecen el respeto mutuo.

Para Pikler este principio es el “alma” de su visión y el principio que atraviesa a todos.

El papel del adulto a la hora de desarrollar la pedagogía Pikler

Desde el enfoque de Emmi Pikler en la educación de los niños, es el niño quien protagoniza su propio desarrollo con plena conciencia de sí mismo y de su entorno, al tiempo que integra las vivencias que nutrirán su autonomía y su autoestima. Para ello, el papel del adulto es fundamental.

Gracias a la manera que el adulto se ofrece al niño para acompañarle en su desarrollo, definirá la calidad con la que los peques lo hagan.

Para poder satisfacer las necesidades en las que Emmi Pikler fundamenta todo su trabajo: el apego y la autonomía, los adultos deben actuar de forma diferente a lo tradicional:

Durante los cuidados como son el cambio de pañal, dar de comer, bañarlo, etc. El adulto debe realizarlos de manera suave, poniendo en palabras lo que se va haciendo y dando tiempo al niñe para que escuche, centrado en lo que se hace, y prestando atención. Así, poco a poco se irá respetando su autonomía y sus preferencias.

Cuando el niño está jugando, el adulto es un mero observador y el peque el protagonista. El adulto está presente pero no interviene y no le sugiere al niño lo que tiene que hacer ni cómo tiene que hacerlo.

Se debe respetar el movimiento libre del niño por lo que no se debe enseñar a sentarse, a andar, etc. El niño lo hará cuando se sienta preparado. Por tanto los adultos no deben intervenir y sí proporcionar un espacio adecuado para moverse y una ropa adecuada para que pueda realizar movimientos libremente.

Gracias a ello, el niñe va descubriendo por sí mismo su cuerpo y sus movimientos, lo que motiva su deseo de movimiento y exploración que fomenta el desarrollo emocional, intelectual y psíquico.

Respeto y apego en los cuidados

Para el desarrollo de una personalidad armónica y para que los peques puedan centrarse en su autoconocimiento y desarrollar su autonomía, la figura del cuidador es fundamental.

Dejar que un niño se mueva libremente no quiere decir no tener contacto con él. Al contrario, el método Pikler defiende la importancia de un apego afectivo sólido, lo que ella llama una relación afectiva privilegiada, como base para todo lo demás.

Una relación basada en el respeto a los peques, a sus ritmos y necesidades, que no imponga las cosas, sino que haga que fluyan.

Para conseguirlo, es importante hablar con los bebés y los niños, anticiparles en todo momento todo lo que vamos a hacer con ellos y esperar a que estén preparados para hacerlo. Por ejemplo, explicarles que vamos a enjabonarles, mostrarles la esponja y, cuando veamos que están receptivos, empezar a hacerlo, sin forzarlos.

Conocer profundamente a nuestro peque y saber cuándo debemos intervenir y cuándo debemos dejarle que actúe libremente es otro de los objetivos.

La importancia de la salud física y el juego

No hay desarrollo físico, psíquico y emocional adecuado si los cuidados y las necesidades básicas no están cubiertas, además de las afectivas. Esto se da por supuesto en cualquier hogar, pero no era tan habitual en las instituciones infantiles como la que dirigía Pikler.

Dentro del movimiento libre, se encuentra también el juego libre. Se trata de ofrecer materiales seguros, mejor si son desestructurados, a los peques y dejar que aprendan a manejarlos como quieran, sin darles pautas de juego ni enseñarles cómo deben hacerlo. Esto les permite explorar el entorno y sacar sus propias conclusiones, como paso siguiente al autoconocimiento.

Cómo aplicar el movimiento libre en casa

Adoptar la pedagogía Pikler exige, sobre todo, cambiar de mentalidad. Dar un giro de 180 grados a nuestro concepto de la crianza y de la relación con los peques.

Pasar del trato autoritario o condescendiente al trato igualitario y respetuoso. Dejar de preocuparnos por qué nuestros hijes consigan cada hito del desarrollo en los tiempos marcados por la sociedad y confiar en ellos y en sus capacidades.

También conlleva una serie de exigencias de preparación del entorno:

Para que los peques puedan moverse y jugar libremente, el entorno debe ser seguro. Debemos eliminar todo aquello que pueda lastimarlos en sus procesos de exploración y autoconocimiento.

Hay que prepararles los materiales que les permitan desarrollarse. Por ejemplo, espacios amplios y diáfanos con un suelo cálido, pero firme, en el que puedan moverse. También estructuras adaptadas que les permitan y les inviten a levantarse y explorar, y juguetes que puedan manipular y los estimulen, que puedan alcanzar y en poca cantidad para que la exploración no interfiera con el autoconocimiento.

La ropa debe ser cómoda y holgada para permitir el movimiento. Mejor descalzos siempre que sea posible.

El adulto cuidador debe estar siempre presente y atento a las necesidades del niño e interactuar constantemente con él/ella, pero interviniendo en su movimiento solo cuando éste lo reclame (para cogerlo en brazos, por ejemplo) o cuando sea necesario.

En ikitoi queremos mantenerte informado sobre las filosofías de crianza que tomamos en cuenta para la elección y creación de nuestros juguetes que disponemos para vos, seguí leyendo nuestro ikiblog y chusmea luego la tienda 🙂

¿Querés enterarte de las últimas novedades sobre infancia y juego?

Suscribite y te mantendremos al tanto de las últimas notas.

También te puede interesar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *